Un título más. El 33° en la historia del fútbol profesional y el primero después de cuatro años. El Clausura 2008 tiene un dueño y ése es River, que después vencer de por 2 a 1 a Olimpo, en el estadio Monumental, por la anteúltima jornada, se consagró campeón, aprovechando el empate sin tantos entre Estudiantes y Colón de Santa Fe.Con los tres puntos de hoy nuestro equipo trepó a la suma de 40 unidades, cuatro más que Estudiantes, y con tan sólo un partido por delante. Por eso, cuando el cotejo en el Monumental terminó, tanto hinchas, jugadores y cuerpo técnico y dirigentes se prendieron a la radio para escuchar el final en el estadio Ciudad de La Plata. Cuando el árbitro Héctor Baldassi pitó el esperado final, estalló el Vespucio Liberti bajo el grito ansiado, esperado y merecido de campeón. La gran figura de la tarde y del campeonato fue Diego Buonanotte, autor de los dos goles de la consagración y quien provocó el delirio final, tras el derechazo al minuto 78 para poner el dos a uno con el que terminó el encuentro en Núñez.
Golazo para abrir el camino
Un marco imponente. La gente colmó la cancha con la ilusión de festejar un triunfo y de esperar que Colón le haga fuerza al elenco de Néstor Sensini. Por eso desde muy temprano se acercó en masa para soñar con la vuelta olímpica.
Iban 15 minutos cuando se ensayó una jugada preparada que terminó significando el primer gol del partido. Matías Abelairas y Ariel Ortega se pararon frente al balón. El Pitu se la tocó al jujeño, quien lo detuvo con la suela del botín. Ahí salió el toque de Abelairas para la aparición sorpresiva y goleadora de Buonanote, quien desde afuera del área sacó un zurdazo letal, esquinado y por bajo para vencer la resistencia del arquero José Ramírez.
El mismo Buonanotte, de derecha, casi anota el segundo y más tarde, el Burito Ortega, con un derechazo combado exigió a Ramírez. Radamel Falcao García y Sebastián Abreu inquietaban arriba. Entre ellos dos tuvieron una ocasión inmejorable para estirar la ventaja. Cuando moría la primera mitad, el colombiano cabeceó la pelota y ésta, tras dar en Ramírez, le quedó servida al uruguayo Abreu, quien mandó el balón por encima del travesaño, en una yerro llamativo.
La vuelta 33 de la historia
Para gozar hay que saber sufrir un poco. Una constante de este River de Diego Simeone. Y si bien nuestro conjunto fue superior a los bahienses durante toda la tarde, llegó lo que nadie esperaba. El gol de Josemir Lujambio a los 20 de la etapa complementaria, con un toque de zurda, anticipándose a Juan Pablo Carrizo, arquero millonario, generó confusión en los hinchas. La incertidumbre porque en ese momento, con el empate en Núñez, un gol de Estudiantes ponía la punta del campeonato en llamas, entre ambos clubes.
Pero apareció el genio de Ortega, quien con una aparición mágica, de zurda, con un toque de calidad, suave,habilitó a Buonanotte. Éste sacó el derechazo cruzado por bajo y venció a Ramírez. Se volvió a pensar en cortar la sequía de títulos negados. Y Javier Collado pitó el final en Núñez y se aguardó el desenlace en La Plata. Baldassi hizo lo propio y la alegría contenida estalló por completo.
Los jugadores se unieron en un abrazo infernal, se colgaron del arco, del travesaño y dieron la vuelta olímpica. Bailaron alrededor de la copa mientras en las tribunas bajaba el repetido ¨Dale campeón, dale campeón¨. Se acordaron de Boca, le rindieron tributo al ídolo Ortega y también al entrenador Diego Simeone, quien se exhibió muy emocionado junto a sus dos hijos. Campeones nuevamente. Para festejarlo mucho porque es merecido. Porque es la alegría número 33 del club más ganador de Argentina. ¡Cómo no se va a festejar!